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Big Fish de Tim Burton.

29 Jun
Si bien un análisis semiótico de cualquier obra de arte puede excluir datos biográficos del artista, en el caso de Big Fish de Tim Burton considero necesario aludir a dos instantes en la vida del director que vendrían a influir en este filme. El primero es ubicarlo dentro de la filmografía de Burton. El Gran Pez fue la película posterior a El planeta de los simios; el mayor fracaso, tanto taquillero como artístico –según la crítica especializada-, en la carrera, hasta ese momento brillante, del director. Tras el amargo sabor que le representó un fracaso de estas magnitudes –recordemos que El planeta de los simios fue una producción multimillonaria- Burton decide hacer una película “pequeña”, es decir, filmar una historia sencilla, con un pequeño reparto y sin gran presupuesto. De alguna manera todos estos deseos redundaron en la obra que me merece este análisis. Hay directores, o en el caso de Burton, storytellers, que no pueden trabajar en pequeño. Esta misma idea de grandeza está presente a lo largo de toda la película. El segundo instante es la muerte del propio padre de Burton, cuando la película apenas se estaba rodando.
El título, Big Fish, de entrada supone simplemente una promesa de vastedad y para entenderse debe verse en perspectiva. El gran pez en ocasiones llega a ser la Sandra Bloom –según la historia que Ed Bloom cuenta en la boda de su hijo- y hasta la mujer, en general, –la sirena del lago- al final de la película el propio Ed Bloom, llevado por la historia que el hijo le cuenta en su lecho de muerte llega a ser el gran pez. “Fish looks different to different people” –dice la joven Jenny en el lago cuando el joven Ed Bloom ve a una mujer- para el padre de Jenny era el perro que tenía cuando él era niño y que volvió de la muerte –reminiscencia a Frankenweenie, uno de los primeros cortometrajes de Tim Burton- en gran pez puede ser lo que más quieras, en su juventud es la imagen sexual de una mujer sin rostro, al enamorarse el gran pez no puede ser otro que Sandra. En un sentido más amplio el gran pez son las historias, y la película en sí es un homenaje a todas estas historian que nutren y se confunden con la vida, de parte de un storyteller por excelencia. Es el homenaje de un contador de historias a su arte.
El largo inicio de los créditos –casi 7 minutos- la historia literalmente “emerge” del lago (por unos segundos tenemos la visión del gran pez, somos el gran pez) y ubica las situaciones y la trama inicial bajo la cual arrancarán las sucesivas: el distanciamiento, tanto sentimental como geográfico del hijo con el padre, la afición del padre por contar historias fantásticas, el carácter de ambos, la eminente muerte del padre y las dos mujeres de los Bloom, el rencor manifiesto a través de la narración por parte del hijo, etc. Resta decir que Burton domina el lenguaje cinematográfico y con un solo desplazamiento de cámara captura el espíritu del reclamo de Will hacia su padre –la escena cuando inclina su cabeza mientras su padre cuenta la misma historia que él ha oído cientos de veces en su reunión de scouts. Estos 7 minutos también separan la historia en dos planos, el real y el ficticio. En el plano real Ed está muriendo y la interrupción de la quimioterapia acelerará el proceso por lo que su hijo viaja con su esposa desde Paris para acompañarlo. En el plano ficticio las acciones inician con la escena en donde el joven Ed Bloom pesca al pez, lo toma con sus manos y lo obliga a darle el anillo. Si bien en el inicio predomina el plano real, a lo largo de la película lo real y lo ficticio se equilibrarán hasta confundirse, tal como en las historias que cuenta Ed Bloom.
En el inicio podemos prefigurar un orden circular dentro de la historia. Inicia con la visión del pez dentro del lago y terminamos siendo nosotros los que vemos al mismo pez saltar en el lago. Inicia con el lago y termina con el lago. Esta misma idea circular está presente en la bruja y en Jenny quien es la misma. La misma Jenny explica esto dentro del plano real: “Well, it’s logical if you think like your father… See to him there’s only two women: Your mother and everyone else”, dentro del plano ficticio, esto se explica separando los personajes que conforman una misma persona.
La idea inicial es clara, para espíritus tan vastos como el de Ed se necesitan aventuras e historias que vivir. De pequeño queda marcado por su gigantismo y decide salir de su pueblo “Kept in a small bowl, the goldfish will remain small. With more space the fish will grow double, triple, or quadruple its size”. Ed sale del pueblo para crecer.
Ed entonces se enfrenta a la aventura del héroe clásico. Uno de los guiños del director al respecto es el libro que lee Ed en su cama: El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell. Ed sale de su pueblo y a partir de este momento será el encargado de arreglar los problemas de las personas que se encuentra en su camino, esencialmente, con la comunicación. Es hablando como se hace amigo de Karl el gigante. Es hablando como se libra del encierro al que lo obliga Amos. Es hablando como se salva en la guerra. Es hablando como le explica a Norther, el poeta, que la solución no está en el robo a los bancos. En fin, Ed se comunica con todo mundo en el plano fantástico, resuelve con la labia del contador de historias los entuertes a los cuales se enfrenta, y sin embargo, en el plano real no se puede comunicar con su hijo.
Spectre viene a representar la trampa del conformismo. Al llegar al pueblo la película en la marquesina es “Identidad”. Al salir de Ashton con Karl, el gigante, la película en marquesina era “De aquí a la eternidad”. Spectre forjará pues, la identidad de Ed. Lo primero que hace la joven Jenny es arrojar los zapatos de Ed lejos de su alcance. No es gratuito que la película se ubique en el sur profundo de los Estados Unidos, tal como la versión en cine de El mago de Oz. Los zapatos representaban el escape al hogar, el fin del viaje y es por eso que un paraíso como Spectre representaba una trampa para el espíritu aventurero de Ed. En medio de la fiesta Ed decide continuar su travesía y reencontrarse con Karl. Con Karl hay una identificación. Por momentos Karl parecería ser la sombra del espíritu de Ed.
La aventura del circo lleva a Burton a uno de sus lugares comunes favoritos: el culto a los “entertrainers”. Sandra, Kurl el gigante, Amos, Ping y Jing, el mismo Ed, etc. Pero lo realmente relevante es el descubrimiento del amor. Es con el amor en donde se acercarán hasta casi ser una la realidad y la ficción. Es también el amor el que pondrá orden a la historia, en ambos planos. Para Ed su historia más preciada es como pescó a su mujer. Para un hombre de acción como Ed no había más que ir por la mujer que amaba sin importar los obstáculos de por medio.
El amor se ve interrumpido por la guerra y es por ese mismo amor por lo que regresará. Quizá la escena más rica en cuanto a interpretación de códigos es aquella en donde en medio de la guerra desciende en paracaídas en medio de un espectáculo para un ejército “asiático”. La formación de las filas y la seriedad de los soldados aluden perfectamente al comunismo chino y la canción que cantas las siamesas a la universalización del espectáculo a la americana, más allá de por que canten en inglés, por que el espectáculo en sí es una banalización de los espectáculos de guerra a la Bob Hope que ofrecían a los soldados norteamericanos en el extranjero a lo largo de la 2da guerra mundial. El código que salva a Ed es el diccionario Inglés – Asiático (con la ironía que conlleva el declararle la guerra a una cultura que ni siquiera se conoce) que estudia antes de dar el salto. Ha pesar de estar en Korea las siamesas cantan una canción en inglés (en la lengua del enemigo) a un público que habla en su mayoría coreano, el ventriloquista habla en Tágalo (la lengua oficial de Filipinas) y al entrar los soldados a sacarlo unos hablan en Chino mandarín y otros en Coreano. Ed se comunica en Cantones con las siamesas. A lo largo de toda la película continúa esta idea de que los conflictos nacen de la falta de comunicación de unos con los otros hasta redundar en el absurdo último de la guerra.
Al volver de la guerra, Ed se dedica a vender Handi-matic, una extraña herramienta multiusos que recuerda un poco las navajas suizas y sobre todo a El joven manos de tijera, siendo este último instrumento básico en una herramienta de estas características la que falta.
Una ves se dedica a ayudar a las personas, primero a Norther y luego al rescate de Spectre, en donde se reencuentra con Jenny, lo más parecido a un amor dentro del plano netamente ficticio, para acentuar su amor por Sandra en el plano real, que al ser inseparable de lo ficticio para Ed, vendría a llenarlo todo.
La ficción y la realidad sólo se trastocarán en dos momentos. El primero, como ya lo apunté, con el descubrimiento del amor, el segundo, con la agonía del padre y la continuación de la historia, en ambos planos, por parte de Will. Al hacerse concientemente de la voz narrativa, Will continúa el legado del padre, se vuelve el padre, el gran pez. La escena que precede a la agonía en el hospital y que se supone está en la mente de Ed, llevado por las palabras de su hijo, será un colofón del mundo ficticio creado por Ed a partir del mundo real. Ahí vemos al gigante Karl, a Amos, a las siamesas, a la bruja y Jenny como dos versiones diferentes, a los amigos de la infancia, a todos aquellos que fueron importantes en su vida. Luego llega el final del plano real, en donde el funeral es más austero y en donde se van revelando los personajes citados en sus historias, ya no como las caricaturas en que Ed se encargó de transformarlos, sino tal cual son.
Damián Soto Salgado.
28 de junio de 2011.