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30 Jun

1. Descubrió la sangre y supo que nada más podía aprender en casa, así que emprendió su primer viaje.
2. A través de la sangre encontró a su maestro, quien en vez de castigarlo, lo adoptó como su discípulo y le enseñó el bushido.
3. Ya siendo un rónin, buscó sentido a través de la muerte. Incontables oponentes cayeron a sus pies y no pudo morir. Siguió buscando, errante.
4. Los caminos lo llevaron al oponente perfecto: Una mujer con ojos de jade. Se perdió en esos ojos y la ilusión de Eros lo venció.
5. El rónin aceptó su destino y se entregó a morir. Ella detuvo su puño, no pudo matarlo. También fue derrotada.

El final

29 Jun

  Año del sapo, fue entonces cuando llegaron, venían en unos pájaros blancos, estaban todos vestidos de hierro, caminaban en cuatro patas, podían matar desde lejos con unos leños.

Eso fue lo que nos asustó, nosotros solamente portábamos escudos y macanas, hace apenas dos ciclos que combatimos contra los purépechas, pero no los pudimos vencer, nos superaban de dos contra uno y no pudimos tomar la ciudad.

Ellos eran blancos, creímos que los enviaba el dios Quetzalcóatl, por eso cuando llegaron los tratamos con mucho respeto,  sin embargo eran unas personas muy ambiciosas y solamente preguntaban por el oro.

Asaltaron el gran templo robando nuestros tesoros.  Eso nos enfureció y les hicimos la guerra, tratamos de matarlos pero se nos escaparon. Ahí descubrimos, que solamente eran hombres montados en unas bestias.

A los extranjeros los acompañaba malinatzin una mujer de origen maya, que sabía el español, porque en su tierra naufragaron dos extranjeros y de ellos aprendió el idioma.

También hablaba náhuatl y mixteco por eso pudo convencer a nuestros hermanos  de Tlacopan y Texcoco para que nos traicionaran.

Nos coparon en la ciudad, no teníamos salida, por tierra y agua nos atacaban, después nos cortaron el agua que venia del cerro del chapulín (Chapultepec).

Por tanto teníamos que escarbar y tomar agua salobre que nos enfermaba, posteriormente mandaron un cadáver que tenia una enfermedad llamada viruela. Eso fue lo que nos acabó, pues nuestros guerreros caían por doquier, se podía ver desde lejos las hogueras que hacíamos con los cuerpos de nuestros hermanos y hermanas.

El olor a carne quemada inundó la ciudad y los sobrevivientes solamente podíamos comer gusanos.

Algunos logramos salir del infierno. Por consiguiente yo Axayacalt  III me encuentro en la Sierra del sur como animal espantado, solamente camino de noche y no tomo ninguna vereda, voy corriendo hacia el cerro de los muñecos, la última esperanza de una ciudad llamada: Tenochtitlán.