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Reflexiones sobre el rancho sudcaliforniano

29 Jun
Baja California Sur, México.

Foto: "Asómate a la ventana" de Alejadro Karim.

     Pareciera que el mundo se detiene cuando nos desconectamos del mismo. Para muchos, esa es la idea de la Semana Santa. Más allá de las obligaciones que como buenos cristianos cumplen unos cuantos, la gran mayoría optamos siempre por ir a la playa; como si de una obligación moral se tratara.

     Lo que llama la atención es precisamente lo que para el paceño (no hablemos de los turistas que a eso vienen en estas fechas) significa “ir a la playa”. Porque lejos de ser un espacio para la relajación y el aislamiento, la zona costera de nuestra ciudad se transforma en un mercado humano (donde encuentras de todo y para todos) sin tomar en cuenta las particularidades que cada uno de estos espacios geográficos ofrece a sus visitantes (porque no es lo mismo ir al Coromuel que a La Ventana).

     La playa por tradición o costumbre es el espacio favorito de la enorme masa de gente que reside en la ciudad (ya no hablemos de Los Cabos u otros sitios). Y aunque es fácil adoptar la creencia de que dicha cultura resulta obvia en un espacio geográfico semidesértico rodeado de paradisiacas playas; es preciso mencionar que en el estado existen otros núcleos de cultura en el medio rural, representados por el rancho sudcaliforniano. No es que la cultura del rancho sudcaliforniano sea ajena a las diversiones que ofrece el mar; pero ocurre de forma paralela dotado de ciertas condiciones que le hacen único, y la mayor parte del tiempo inexplorado por la población local.

     Lo anterior no es para menos tomando en cuenta que los planes de desarrollo en el estado se han mantenido lejos de buscar una solución integral a los problemas del medio rural sudcaliforniano. Los proyectos que en orden de la minería, agricultura, ganadería y pesca se han desarrollado, no han representado para los rancheros otra opción que la venta de sus tierras para que otros (inversionistas o caciques) “las aprovechen”.

    Por si fuera poco los mega desarrollos turísticos proyectados en la franja costera de la entidad lejos de representar una opción sustentable para el desarrollo de BCS, han derivado en problemas como la escasez de agua en las zonas urbanas, invasiones y asentamientos no planeados y la explosión demográfica que deriva en los índices actuales de delincuencia y desempleo (en el ramo de la construcción por ejemplo).

     Ante la apatía de los gobiernos por impulsar opciones de desarrollo congruentes en el medio rural sudcaliforniano; otros actores sociales se han comprometido con la tarea de impulsar el turismo rural como una opción integral para el crecimiento económico de éstas zonas en la península; que por si fuera poco, son de mayor extensión que la urbes y poseen una mayor concentración de población nativa que éstas últimas. Pero ¿Por qué la  gente no va al rancho?

     Resultaría pretencioso responder a esta pregunta de manera directa sin cuestionarse por el sin fin de elementos que condicionan nuestra costumbre de huir de la ciudad a la playa sin observar otros espacios. Además, un menor número de gente que vive en la ciudad migra siempre en estas fechas hacia los ranchos (de donde muchos son oriundos) a visitar familiares o a buscar la tranquilidad que ya no es tan fácil encontrar en las zonas costeras.

     Un elemento a tomar en cuenta para ahondar en la investigación sobre el tema, es la forma en que se compone la masa poblacional de nuestras ciudades. Según el último censo realizado por el INEGI, cerca del 40% de los residentes en el estado nacieron en otras entidades.

     La mayor parte de la gente que ha llegado para quedarse en BCS a raíz del auge turístico en la entidad, no ha conocido otros sitios de esparcimiento más espectaculares que las playas; en parte porque desconocen de la existencia de otros lugares, o como en muchos casos, porque las opciones productivas en el estado se encuentran esparcidas en las ciudades costeras, acentuando los niveles de desigualdad social que existen entre el medio rural y el urbano. Habría que preguntarle a la gente que vive irregularmente a las afueras de la ciudad si preferiría vivir 10 kilómetros más lejos de la urbe con la misma carencia de servicios, sin opciones de trabajo ni de comprar tierras ¿quién lo haría?

Alejandro Karim Mendoza

La Paz, abril 2011.